Mujer creadora

Las mujeres exigen su lugar en el arte

Córdoba fue el escenario del encuentro sobre creatividad, en el que participaron artistas y gestoras culturales de los diferentes ámbitos.

Ana Rosa Diego, María José Ruiz, Mabel Millán, Sara de Benítez y Aure Daza

Ana Rosa Diego, María José Ruiz, Mabel Millán, Sara de Benítez y Aure Daza

Los grandes protagonistas de la Historia han tenido tradicionalmente nombre masculino. Los de la Historia del Arte, también. Rescatar de la invisibilización el trabajo realizado por mujeres en las distintas disciplinas creativas -el cine, el arte plástico, la música o la literatura- es imprescindible para que sus sucesoras, las creadoras del ahora, cuenten con referentes en las que verse reflejadas y para recuperar una forma de ver el mundo que durante siglos permaneció en un discreto segundo plano. Pero, sobre todo, hace falta un esfuerzo consciente por colocar a las creadoras en el lugar que durante siglos se les ha negado. Esas son algunas de las conclusiones a las que llegaron las cinco protagonistas del encuentro con mujeres creadoras celebrado en la última edición de «Andalucía en femenino», el foro organizado por ABC con el patrocinio de Telefónica y la colaboración de la Universidad de Sevilla, Clece y Coca-Cola European Partners.

La conciliación es también el reto de las mujeres creadoras, que restan tiempo a sus carreras para dedicarse a cuidar

Durante el coloquio se puso el acento en la urgencia de que tanto los poderes públicos como la iniciativa privada y la sociedad en su conjunto se involucren en la tarea de visibilizar la labor creativa desarrollada por mujeres. En otras palabras, mejorar los recursos que se ponen a su disposición y la presencia de artistas femeninas en los diferentes escaparates culturales para equilibrar la balanza. Esta es, tal y como coincidieron las mujeres protagonistas de encuentro, una carrera de fondo que ha cosechado logros en los últimos tiempos, pero en la que aún se avanza «despacio». Así lo expuso Mabel Millán, guitarrista clásica ganadora, entre otros muchos galardones, de un Premio Grammy Latino en el año 2017, y cuya propia experiencia le ha permitido comprobar que las mujeres son una franca minoría en la mayoría de concursos y festivales en los que participa. Millán, que también es licenciada en Derecho y se prepara a fondo para ser jueza, recuerda que la reivindicación de las creadoras tiene ya un sustento legal en la ley de igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres. «Falta que los aplicadores del derecho lo lleven a la práctica», afirmó.

Para acercarse al objetivo, las protagonistas del foro expusieron la importancia de articular los mecanismos necesarios para acercarse a esa igualdad real. Lo que se ha llamado tradicionalmente «discriminación positiva» no es sino una manera de equilibrar artificialmente una desigualdad estructural que hunde sus raíces en «siglos y siglos de discriminación negativa». Así lo sostuvo la pintora María José Ruiz, que defiende que la meta no puede confundirse con el camino que conduce hasta ella. «Lo bueno sería que no hubiese que hacer exposiciones de mujeres, pero todavía hay que hacerlas», afirmó.

En la misma línea se expresó la directora de cine y presidenta de la Asociación Andaluza de Mujeres de los Medios Audiovisuales, Ana Rosa Diego, que llamó a la formación en género de las comisiones encargadas de conceder ayudas a creadores. Es solo una de las reivindicaciones que las asociaciones de mujeres cineastas de España pretenden trasladar al nuevo Gobierno y a vencer el discurso negativo en torno a los «privilegios» de las mujeres por el hecho de ser mujer: «Aún hay compañeros cineastas que critican que haya ciclos de mujeres, programas de ayuda para mujeres… cuando la realidad objetiva es que, sin esas ayudas, solo tendríamos cine hecho por hombres». En este sentido, quiso poner el foco en las cifras que revelan una flagrante desigualdad en la industria del cine y que demandó la aplicación de la perspectiva de género en las políticas culturales. La inmensa mayoría de los festivales de cine andaluces, apuntó, están dirigidos por hombres, y también hay una escasa presencia de nombres femeninos en sus programaciones y en los palmareses de los grandes premios. Con estos mimbres, afirmó, las creadoras se ven obligadas a trabajar su «autoestima» de forma más acentuada, esquivando la falta de reconocimiento ajeno.

También la precariedad con la que tienen que convivir los trabajadores de la industria del cine se acentúa más en el caso de las mujeres, aunque no es exclusiva de esta disciplina. En este sentido, Ruiz recordó que la cotización de la obra de pintoras es «diez veces menor» a la de los artistas masculinos. Solo la piezas de grandes creadoras de prestigio, como Yayoi Kusama o Louise Bourgeois, se acercan a los valores de sus compañeros hombres en el mercado artístico.

Falta de visibilidad

Diego destacó que las mujeres sufren además una doble precarización que va más allá de lo económico y tiene que ver con los roles de género tradicionales. Como consecuencia de una dinámica social que restringe los cuidados a la responsabilidad femenina, encuentran dificultades para dedicarse plenamente a la labor creativa mientras crían a sus hijos y cuidan a sus mayores. El de la conciliación es el gran reto al que las mujeres, no solo las creativas, se enfrentan a día de hoy, según la diseñadora de moda Sara de Benítez. «El día tiene 24 horas y las que tenemos hijos hacemos encaje de bolillos para llegar a todo», lamentó.

En sectores muy feminizados, como el de la moda, también destacan los grandes nombres masculinos entre los referentes

La situación de industrias como la del cine, la música o el arte plástico no es en absoluto la misma que puede observarse en un mundo feminizado como el de la moda, en el que según la diseñadora predomina el «talento» por encima de cualquier etiqueta. Sin embargo, en la asociación de artesanas de la moda de la que forma parte, Mof&Art, la inmensa mayoría de sus compañeras, independientemente del producto o de la fase creativa en la que trabajen, son mujeres. Esta circunstancia no es óbice para que las creadoras encuentren hándicaps: aún en un sector asociado tradicionalmente femenino y con una potente presencia de mujeres suele otorgarse una mayor visibilidad a las creaciones hechas por hombres. La mayoría de los grandes nombres de la moda, los que acaparan titulares y son considerados maestros, son masculinos, exactamente igual que sucede en otro sector asociado a las mujeres en base a los roles de género tradicionales, como el de la cocina. No obstante, la diseñadora considera que en la industria de la moda femenina en general, y en la de la moda flamenca en particular, ser mujer es indudablemente un valor positivo. En el resultado final de una buena prenda juega un papel esencial la visión personal de la creadora, que en este caso está atravesada por su género y las vivencias asociadas al mismo: «Hago la ropa que me gustaría ponerme yo, y conozco el cuerpo de la mujer. A la hora de diseñar un traje de gitana, por ejemplo, pienso en cómo quiero que me siente, qué me gustaría resaltar, pero también en las horas que hay que estar en la feria».

Mirada femenina

Esa sensibilidad creativa, que puede ser distinta según el género del artista porque encuentra su base en las vivencias personales, fue otro de los temas abordados en el debate, que se celebró en el Salón Maimónides del Hotel Eurostars Palace de Córdoba. La documentalista Aure Daza, del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), dedica parte de su actividad en el Centro de Documentación María Zambrano a programar actividades que reflexionen sobre la obra de autoras, especialmente en el ámbito de la literatura, ya que «en el arte, la mujer ha tenido históricamente un papel de objeto y no de sujeto». Es decir, se hablaba de ellas pero no se las dejaba hablar. A su juicio, cuando el constructo cultural de una sociedad se basa eminentemente en la producción masculina «se están perdiendo muchas cosas, toda una forma de relacionarse con el mundo». Por ejemplo, hay temáticas que, por no haberlas vivido, «ellos nunca abordaron, y que no tuvieron entidad hasta que no llegaron las mujeres». Además, añadió cómo la «experiencia masculina» reflejada en el arte se ha vendido como algo universal, comprensible y disfrutable por todas las personas independientemente de su género, mientras que la femenina -en asuntos como la maternidad, las diferentes relaciones entre mujeres o la violencia de género- parece estar dirigida exclusivamente a un público compuesto por mujeres y «ahuyenta» por lo general al público masculino. Lo mismo sucede en el terreno del cine. La directora Ana Rosa Diego apuntó hacia las diferentes temáticas en las que pueden basar su obra, en función de sus viviencias personales y de su conocimiento del mundo, una mujer y un hombre, pero también una chica joven y una adulta mayor -que, recordó, sufren una doble discriminación por sexo y edad-. A su juicio, la diversidad entre autores es la mejor garantía para reflejar una visión completa del mundo. Y puso como ejemplo su caso personal, de cómo la violencia machista se convirtió en una piedra angular de su obra a partir de haberla sufrido en su propia piel. Al hilo de esto, manifestó que trabajar en un enfoque de género es también hablar de los problemas a los que se enfrentan las mujeres de todo el mundo, como la prostitución o la violencia ejercida sobre niñas, poniéndose en la piel de las protagonistas.

Los referentes

Eso es precisamente lo que hace la pintora María José Ruiz en trabajos como los de su serie «Blanco roto», con pinturas en las que aborda asuntos como el matrimonio infantil o los mitos del amor romántico. «Mi obra tiene siempre una implicación social», defendió. Sin embargo, Ruiz no está convencida de que exista una sensibilidad estrictamente femenina en el arte plástico. De hecho, a ella han llegado a decirle, ante su perplejidad, que «pinta como un hombre», sin saber muy bien por qué. En cualquier caso, durante el transcurso del foro, tanto Ruiz como Mabel Millán expusieron cómo los grandes maestros que estudiaron durante su etapa formativa siempre fueron hombres. En los programas de estudios de Bellas Artes no halló la pintora grandes referencias a mujeres, salvo a aquellas que, como Frida Kahlo, tuvieron una vida que llegó a destacar por encima de sus obras. Tampoco la guitarrista recuerda a compositoras clásicas aunque es consciente de que las mujeres estaban allí, participando en la creación de los grandes hombres que sí pasaron a la historia. «Hacen falta referentes femeninos», expuso Millán. Sin ellos, la mirada y la sensibilidad que trascienden de forma mayoritaria mediante los productos culturales de las distintas disciplinas solo transmitirá una forma muy concreta de ver el mundo: la de los hombres, silenciando así a la otra mitad de la humanidad.

Las ponentes afirman que la «discriminación positiva» es aún necesaria para equilibrar la balanza tras siglos de desigualdad

La falta de referentes femeninos y de recorrido en obras creadas por mujeres conlleva, además, toda una serie de carencias en materia de representación presente y futura. Sin su aportación, «el mundo está contado por ellos», expuso Ana Rosa Diego. Las actividades de divulgación que promueve el IAM van encaminadas a cambiarlo, generando discusión a partir de otros relatos distintos a los tradicionales. Obras de autoras jóvenes como las de Sara Mesa o la escritora cordobesa María Sánchez han sido recientemente objeto de los grupos de lectura que organiza Aure Daza.

Las participantes en el encuentro están convencidas de que si hay una forma de romper de forma definitiva la rueda de la invisibilización y dar a las mujeres el lugar que merecen es con la implicación de la comunidad artística, de los poderes públicos y privados -desde el Ministerio de Cultura hasta las galerías de arte- y también, cómo no, de los destinatarios últimos de los productos: las audiencias. Un público que, cada vez más, demanda el equilibrio preciso entre el arte hecho por hombres y el que nace de manos de las mujeres.

La opinión de las expertas

María José Ruiz. Pintora.
Lo bueno sería que no hubiera que hacer exposiciones de mujeres, pero todavía son necesarias.
Ana Rosa Diego. Directora de cine.
Las mujeres tienen más difícil empezar proyectos, por eso debe haber ayudas públicas con enfoque de género.
Aure Daza. Documentalista en el IAM.
En el mundo del arte, la mujer ha tenido tradicionalmente un papel de objeto y no de sujeto.
Sara de Benítez. Diseñadora de moda.
Ser mujer en el mundo de la moda femenina es un valor. Diseño las prendas a partir de mi experiencia.
Mabel Millán. Guitarrista y jurista.
Los grandes referentes siempre son hombres. He sido muchas veces la única mujer en concursos.