Mujer y educación

La educación, la “mejor herramienta” para luchar contra la desigualdad

El primero de los encuentros de esta tercera edición foro reunió en Sevilla a expertas de la enseñanza que mostraron la necesidad de incidir en la formación para arraigar valores y crear una sociedad más justa.

Ma Ángeles Rebollo (Universidad de Sevilla), Elena Bernabéu (Clece), Ana María García (Instituto Andaluz de la Mujer) y Ana González (maestra de Educación Infantil)

Ma Ángeles Rebollo (Universidad de Sevilla), Elena Bernabéu (Clece), Ana María García (Instituto Andaluz de la Mujer) y Ana González (maestra de Educación Infantil)

La educación y la formación son sin duda el mayor tesoro que tiene una sociedad, ya que actúan como una herramienta única para lograr el desarrollo de las personas y alcanzar ideales como la igualdad de oportunidades y la evolución de un territorio. En este ámbito la mujer tiene mucho que aportar, puesto que el área educativa siempre ha tenido un amplio protagonismo femenino y en la actualidad, lejos de decrecer o estancarse, no ha hecho más que consolidarse. Por ese motivo el primer encuentro del tercer foro «Andalucía en femenino», organizado por ABC y patrocinado por Teléfonica y el Instituto Andaluz de la Mujer, se ha centrado en «Mujer y educación», un desayuno celebrado en la Casa de ABC de Sevilla en el que se desgranó desde lo que aporta la visión femenina al mundo de la enseñanza hasta los logros de los últimos años para conseguir una sociedad más justa e igualitaria. La iniciativa, que cuenta con la colaboración de la Universidad de Sevilla, Clece y Coca-Cola European Partners, pretende poner el foco en temas trascendentales para la región vistos siempre desde un prisma femenino.

Desde pequeños
«Las emociones se trabajan muy bien con niños de Infantil porque carecen de prejuicios y estereotipos»

Las participantes en el encuentro, procedentes tanto del ámbito privado como del público, coinciden en que hay que trabajar desde la primera infancia en los aspectos fundamentales de la persona, inculcando los valores necesarios para lograr el día de mañana una sociedad mejor. Ana María García, pedagoga y asesora de coeducación del Gabinete de estudios y programa del Instituto de la Mujer, indicó que «la educación es una herramienta clave para impulsar una sociedad más justa». Ana González Herrera, por su lado, es docente de educación infantil en el colegio Maestro Eduardo Lobillo de Rota o, como ella prefiere llamarlo, «maestra vital», ya que reconoce que a esas primeras edades se puede trabajar muy bien con los pequeños todo el ámbito emocional de una forma natural, «ya que los niños carecen de prejuicios y estereotipos». Los niños aceptan “a la perfección” que se trabajen las emociones con ellos y aceptan las cosas “con naturalidad y espontaneidad”, con lo que es fácil enseñarles a gestionar lo que sienten. “En ese sentido, la educación es el motor de cambio que debemos trabajar para alcanzar logros como la igualdad”, agrega González, que fue la primera mujer en dirigir el citado colegio roteño. “Cuando llegué hubo ciertas reticencias hacia mí porque el centro siempre había estado gestionado por hombres y hubo quien no vio con buenos ojos que lo hiciera una chica joven”, señala, aunque admite que en estos últimos años se ha producido un gran cambio.

«Coeducación»

Además de la Educación Infantil y Primaria, el ámbito universitario es fundamental no solo para transmitir conocimientos, también para educar en valores, un tema que domina otra de las invitadas al encuentro, Mª Ángeles Rebollo, profesora del departamento de métodos de investigación y diagnóstico en educación de la Universidad de Sevilla, quien lleva años trabajando la «coeducación». Este término se refiere a una forma de educar desde la igualdad y Rebollo ha desarrollado durante cuatro años un proyecto titulado “Teón XXI” centrado en diagnosticar indicadores de género en centros educativos de Andalucía, y en la actualidad también trabaja para desarrollar una docencia universitaria con perspectiva de género. “Consistía en establecer módulos de diagnóstico para analizar los indicadores de género en centros de educación primaria y secundaria, tales como el uso de un lenguaje inclusivo o cartelería que se ajustara a la realidad de género”, indica la experta, que actualmente trabaja en otro proyecto para determinar cómo se recuperan las mujeres después de una situación de maltrato. “Está muy centrado en casos de ciberviolencia en adolescentes y niñas”, añade Mª Ángeles Rebollo, quien asegura que en la Universidad se está produciendo una transformación de la docencia respecto a la perspectiva de género. “Es fundamental que cale en el profesorado para que lo transmitan a sus alumnos, sobre todo en aquellas áreas en las que será determinante cuando sean profesionales, como ocurre con la abogacía”, detalla Rebollo. Para ello se han elaborado unas guías docente sobre perspectiva de género desde el Instituto Interuniversitario Andaluz de Investigación Educativa, institución con la que colabora Mª Ángeles Rebollo a través del programa “Matilda”, que se ocupa de que en la formación universitaria se enseñe en términos de igualdad.

Educar para el empleo

Una vez superada la etapa formativa, la educación sigue cumpliendo un papel crucial, más aún para aquellas personas que tienen dificultad para acceder al mercado laboral. En este punto la aportación de Elena Bernabéu, responsable de formación en Andalucía, Extremadura, Ceuta y Melilla de Clece fue muy enriquecedora, ya que habló del amplio programa formativo que tiene esta compañía destinado a personas en riesgo de exclusión, como «Acredita», con el que han formado a más de 5.000 personas para que puedan trabajar como auxiliar de ayuda a domicilio, o la labor que desempeña su Asociación Corazón y mano, desde la que ayudan a trabajadores de la empresa que atraviesan situaciones delicadas y corren riesgo de exclusión, una labor que parte de los propios empleados que quieren dar visibilidad a compañeros que la necesitan. “En Clece tenemos una conciencia muy marcada para intentar que las cosas cambien y hemos apreciado una gran evolución sobre todo en la última década, llevamos en el adn intentar que colectivos en riesgo de exclusión puedan acceder a un puesto de trabajo”, señala Bernabéu.

Cuando se trata de incorporar laboralmente a perfiles en riesgo de exclusión el camino no es siempre fácil. “Les enseñamos no solo las cuestiones técnicas, también cómo deben ir al trabajo, aspectos de higiene o a ser responsables con sus tareas”. Sobre la labor que desempeña la Asociación Corazón y Vida, Elena Bernabéu reconoce la dificultad para que “una persona que atraviesa un bache” lo admita y pida ayuda. “Es un asunto delicado porque a veces uno de sus compañeros de trabajo se da cuenta y quiere tomar medidas pero no sabe cómo hacerlo, o incluso si ese cable será bien recibido”. “Hemos tenido un caso de una mujer que se alojaba en un centro de transehúntes, tenía discapacidad y hacía sufrido malos tratos, y entonces una se pregunta: ‘¿Cómo hacer para empoderarla?’ Le dimos una beca y una formación como auxiliar de enfermería y el resultado fue increíble”, ejemplifica esta directiva de Clece, para quien “la formación es la mejor manera de proteger a estos colectivos vulnerables”.

Sobre este punto Mª Ángeles Rebollo incide en la capacidad de cambio que suelen tener estas personas, ya que no están acostumbradas a que nadie espere nada de ellas. “El hecho de que alguien crea en su esfuerzo y que tengan la tranquilidad de que van a estar acompañadas ya supone mucho para ellos, es lo principal, porque les ayuda a autoconvencerse de las capacidades que tienen y el poder que pueden llegar a adquirir”. En el caso de personas que han sufrido violencia, Rebollo aclara que no es “un asunto privado que haya que esconder, ya que ahora con el acceso a la formación y el empleo esa persona obtiene un grado de independencia y se encuentra en un ámbito público que hace más fácil el contacto con una red de apoyo”.

Cambiar la creencia

Ana María García, pedagoga y asesora de coeducación del Instituto Andaluz de la Mujer, estima que a nivel educativo “es muy complicado cambiar la creencia que tienen asimilada los alumnos”. Sobre el tema de violencia de género alude a un estudio que confirma cómo “el mito de que el maltratador es un enfermo está muy arraigado entre los adolescentes de hoy, una visión que coloca a la mujer en posición de desigualdad porque la lleva a creer que al estar enfermo debe cuidarlo y justificarlo”. García está centrada en el impulso de políticas de igualdad en el ámbito de la administración pública y de implantar la coeducación en el ámbito educativo, tanto en la esfera familiar como el profesorado y los alumnos. Elena Bernabéu está igualmente convencida de que la educación en valores debe comenzar en las primeras edades y que tanto los centros como las familias son igualmente responsables. Una de las campañas de sensibilización que han puesto en marcha desde Clece se llama “Romperroles” y pretende acabar con los estereotipos que condicionan a los pequeños desde los primeros años. Ahora bien, de poco sirve trabajar en la educación en valores de los niños y adolescentes si luego reciben “mensajes contrarios de plataformas como los videojuegos o las series de televisión”, según matiza Bernabéu.

Inserción laboral
El departamento formativo de Clece está muy centrado en preparar a personas en riesgo de exclusión

El lenguaje igualitario es una de las herramientas fundamentales de la coeducación, ya que como estima Ana María García “cualquier tipo de discriminación empieza desde el lenguaje, ya que éste es la base del pensamiento”. En el ámbito de la administración pública, se ha avanzado a través de los diversos Planes de Igualdad que se han implantado y que han abordado materias como “el lenguaje, las cuotas en las plantillas o la cartelería de los espacios”, como indica García.

Ahora bien, los mensajes que se lanzan no siempre calan de la misma manera en la población, más aun cuando se trata de zonas marginales o en riesgo de exclusión. “Depende del contexto las necesidades básicas como la alimentación, la higiene o el absentismo escolar relegan a otras posiciones la importancia de educar en valores y en igualdad”, relata Ana María García.

Zonas rurales

También se dificulta en el caso de las zonas rurales, donde los estereotipos parecen estar más consolidados y es complicado educar en igualdad para lograr una sociedad más justa. “En los pueblos pequeños hay mucho menos recursos que en las ciudades, donde suelen estar las sedes de los servicios sociales, y en casos de riesgo de exclusión trabajar en red es fundamental, por lo que la labor que ha desempeñado el asociacionismo es impagable”, destaca Ana María García, quien indica que en Andalucía hay más de 2.000 asociaciones de mujeres “que han hecho un bien maravilloso en los pueblos”.

La opinión de las expertas

Ana María García (Instituto Andaluz de la Mujer).
La educación es una herramienta clave para impulsar una sociedad más justa.
Elena Bernabéu (Clece).
La formación es la mejor manera de proteger a los colectivos más vulnerables.
Mª Ángeles Rebollo (Universidad de Sevilla).
El hecho de que alguien crea en su esfuerzo es lo principal, porque eso le ayuda a autoconvencerse del poder que pueden llegar a adquirir.
Ana González Herrera (“Maestra vital” Educación Infantil).
Los niños pequeños aceptan a la perfección” que se trabajen las emociones con ellos y aceptan las cosas “con naturalidad y espontaneidad.